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Organizando el taller

Hoy ha sido una mañana de organización del espacio de trabajo en el nuevo taller, y es una buena ocasión para enseñaros lo que hay detrás del telón. Queda mucho por hacer, pero ya se puede trabajar medianamente bien.

Hay un problema que no tenía en el taller anterior, y es que al ser mucho más grande (5 x 20 metros en lugar de 3,60 x 9 m) las paredes están lejos de la mesa de trabajo, y por lo tanto los enchufes y soportes para dejar las herramientas también.

Así que lo primero ha sido montar unos enchufes y soportes para las radiales a cada lado de la propia mesa. Como ves, les he colocado unas chapas para protegerlos de las proyecciones (salpicaduras de metal fundido) de la soldadura de hilo.

La radial es, con mucho, la herramienta que más se utiliza en el taller y quiero tenerlas siempre muy a mano. Por supuesto tengo una con cada tipo de disco montado permanentemente para no estar cambiando el disco una y otra vez.

Otra cosa que necesitaba urgentemente era el mural de herramientas colgado para colocar todo lo que tenía tirado por el suelo, que además son cosas que uso a menudo, como los accesorios de la mesa (las escuadras, los trinquetes y los pernos), discos de repuesto, orejeras, etc.

Estas herramientas no van y vienen tanto del soporte a la mesa, como la radial, y pueden estar más lejos. Digamos que las voy cogiendo según las necesito, las voy dejando por la mesa y las guardo todas al terminar.

Por último, necesitaba empezar a reducir el espacio que ocupan todos los restos de material que tengo en el taller. Fue lo primero que traje del taller anterior y lo extendí por toda la nave clasificándolo, lo cual me vino muy bien porque ya no sabía ni lo que tenía.

Con esto siempre tengo el mismo dilema. Por una parte quiero tenerlo bien ordenado y que ocupe poco, pero por otra parte eso facilita que acabe siendo un cúmulo de chatarra que nunca se reduce y que no se usa para nada. Lo del almacenaje y reciclaje del material es un dolor de cabeza.

También he traído el aspirador, con lo que he podido hacer un poco de limpieza. La cantidad de polvo negro que se genera (sí, lo has adivinado, con la radial) es increíble. Me he llevado la alegría de que el suelo se limpia bastante bien, y las ruedas de la mesa, soldadores y otras herramientas deslizan sin problemas, lo cual también es un detalle que mejora la calidad de vida en el taller.

En fin, pequeños avances, pero que cambian mucho el día a día. ¿Qué te parece el taller?

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Génesis I

2021. Acero. 25 x 31 x 50 cm

Esta es la primera pieza de una colección de desarrollos sobre dodecaedros y otros poliedros. El acabado final está hecho calentando la pieza con llama de propano y aplicando un barniz mate.

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Cambio de enfoque

Hasta hace no mucho tiempo no tenía reparos en hacer y vender reproducciones de mis esculturas. Más bien era mi modus operandi habitual, salvo con las esculturas hechas por encargo.

Lo de diseñar las piezas en el ordenador no quiere decir que fabricarlas sea tan sencillo como darle a imprimir, pero es innegable que facilita el poder fabricarlas más de una vez y que sean casi exactamente iguales (no es imprescindible un ordenador para hacer eso, dicho sea de paso). El grado de exactitud ya depende de la dificultad de ejecución de la pieza y sus particularidades.

Quienes me han comprado esculturas sabían que compraban una reproducción de la pieza original, no numerada, diseñada y fabricada por mí por supuesto, pero no única y además sin límite de serie. No había trampa ni cartón, todo era transparente.

Creo que no tiene nada de malo vender reproducciones, esculturas fabricadas en una fundición industrial en serie o incluso fabricadas a miles en una cadena de montaje en China si quieres, siempre que tus clientes sepan lo que compran, claro. Pero en esta nueva etapa he decidido dejar de trabajar con reproducciones y hacer sólo piezas únicas.

Las piezas únicas tienen un valor, no sólo de verdadera exclusividad desde el punto de vista del comprador, si no que también tienen un valor intangible para el artista que hace que tengan mucho más sentido.

En una entrevista, el eterno, omnipresente y genial Eduardo Chillida contaba una anécdota que me hizo reflexionar sobre el tema y cambiar mi manera de enfocar mi trabajo.

Explicaba que al terminar una de sus magníficas y enormes esculturas en una de las fábricas industriales donde las hacían, probablemente en Reinosa (Cantabria) de donde salieron muchas de ellas, un trabajador hablaba con él sobre el proceso y las dificultades que habían conseguido superar y le decía: la próxima saldrá perfecta. Chillida le contestó: es que ya no haremos otra igual, lo próximo será diferente, algo nuevo.

Ese es el valor de las piezas únicas para el artista. Uno va evolucionando en su búsqueda y progresando, y va dejando un testimonio de su trayectoria en forma de obras únicas, como si fueran hitos ó peldaños. Pero sigue avanzando sin mirar atrás más de lo imprescindible. Repetir lo que ya se ha hecho carece de interés.

Sin embargo, como ya he dicho en un post anterior y es evidente viendo las obras de grandes artistas, uno debe seguir trabajando sobre el mismo concepto para que se produzca esa evolución. ¿Sabías que el famoso Peine del Viento de San Sebastián era el decimoquinto de una serie de veintitrés peines del viento, todos ellos diferentes?

Por eso quien compra una pieza única no está simplemente comprando el  objeto resultado del trabajo de un artista, sino que está invirtiendo en la carrera de ese artista y haciéndose partícipe de su evolución.